miércoles, 11 de mayo de 2016

Visita al museo de la Memoria Indómita


Universidad Nacional Autónoma de México
Colegio de Ciencias y Humanidades
Plantel Azcapotzalco
Integrantes del equipo:
Lujano Flores Oscar Ivan
Meza Cevallos Mauricio
Morales Lopez Nallely
Orozco Sotelo Brayan Efrain
Perez Vazquez Miguel Uriel
Rojas Moreno Yessica
Rosales Garcia Ricardo Bryan
Valle Hernandez Axel Eduardo
Zermeño Franco Berenice


 Elaborado por: Berenice Zermeño  Franco
Profesora: Susana Huerta.
Grupo: 415












Hay personas que se preguntan si la Guerra sucia en México, aquella que desató la represión del Estado el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, sirvió de algo además de incrementar el sufrimiento de los familiares de los desaparecidos. Ante esta desilusión y desesperanza (aprendida) causada por la sensación de injusticia y desamparo, ¿qué otra opción existe más que hundirse en un duelo sin salida?
Para elaborar el duelo – es decir, superar la pérdida –, una persona puede demorar desde dos semanas hasta dos años. Este tiempo depende tanto de los recursos psicológicos que el individuo tenga para enfrentar este trauma, como de las herramientas o métodos que use para superarlo.
En el caso de los familiares de esta Guerra sucia mexicana, el Comité ¡Eureka! pretende brindar herramientas para finalizar la elaboración del duelo. La manera de hacerlo fue a través de la Casa de la Memoria Indómita, el cual es un museo ubicado en Regina #66, que rinde honor a todos las desapariciones forzadas de esta guerra en México.
Liderado por la activista Rosario Ibarra de Piedra, el museo Casa de la Memoria Indómita se convierte entonces en un espacio dedicado a la difusión y comprensión del oscuro periodo en donde la persecución política y la desaparición forzada eran las únicas vías para eliminar la oposición al Estado.
A lo largo de las salas de exhibición permanente, se puede regresar al tiempo donde una sala, típica de los sesenta y setenta, inmortaliza las vitrinas, los sofás y las carpetas bordadas esperando el regreso de hijos y esposos desaparecidos, cuyas fotografías decoran la estancia. Además se cuenta la historia de los desaparecidos políticos de los últimos 40 años, como un reconocimiento a lo que fueron e hicieron por la libertad.
La Casa de la Memoria Indómita pretende convertirse en un símbolo de gratitud y libertad. Si bien la propiedad es del gobierno de la ciudad de México, los trabajos de rehabilitación del espacio público han podido convertir en museo lo que antes fue central de bomberos, Cruz Verde y, eventualmente, una morgue.



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