Universidad
Nacional Autónoma de México
Colegio de Ciencias y Humanidades
Plantel Azcapotzalco
Integrantes del equipo:
Lujano Flores Oscar Ivan
Meza Cevallos Mauricio
Morales Lopez Nallely
Orozco Sotelo Brayan Efrain
Perez Vazquez Miguel Uriel
Rojas Moreno Yessica
Rosales Garcia Ricardo Bryan
Valle Hernandez Axel Eduardo
Zermeño Franco Berenice
Integrantes del equipo:
Lujano Flores Oscar Ivan
Meza Cevallos Mauricio
Morales Lopez Nallely
Orozco Sotelo Brayan Efrain
Perez Vazquez Miguel Uriel
Rojas Moreno Yessica
Rosales Garcia Ricardo Bryan
Valle Hernandez Axel Eduardo
Zermeño Franco Berenice
Elaborado por: Zermeño Franco Berenice
Profesora: Susana Huerta.
Grupo: 415
Situación y
contexto de la problemática del agua en México
En México, la distribución geográfica
del agua no coincide con la distribución geográfica de la población. El volumen
de agua renovable promedio en el país per cápita es de 4,028 metros cúbicos por
habitante por año. Sin embargo, existen diferencias sustanciales entre el
Sureste y el Norte del territorio; se observan áreas con gran escasez de agua y
regiones con frecuentes eventos hidrometeorológicos que significan
costosas inundaciones y afectación de asentamientos humanos e infraestructura.
·
En la zona centro–norte del país se
concentra 27 % de la población, se genera 79% del PIB y se cuenta con sólo 32%
del agua renovable; en cambio, en la zona sur donde existe el 68% del agua el
país, se asienta sólo 23% de la población y se genera 21% del PIB.
·
La mala calidad del agua superficial
limita su aprovechamiento, en términos de DBO (demanda biológica de
oxígeno):
22.7% del agua superficial se encuentra
contaminada o fuertemente contaminada.
33.2% del agua superficial tiene calidad aceptable.
44.1% del agua superficial observa calidad buena y
excelente.
·
La cobertura nacional de agua potable
es 91.6 %. En zonas urbanas la cobertura es 95.4 %. En zonas rurales
(localidades menores a 2, 500 habitantes), la cobertura es 78.8% debido a
la dispersión de la población en condiciones fisiográficas complejas, y
la dificultad técnica y/o financiera de desarrollar sistemas de agua potable,
alcantarillado y tratamiento de aguas residuales.
·
La cobertura nacional de
alcantarillado es de 90.2 %. En zonas urbanas la cobertura es 96.4 %. En zonas
rurales, la cobertura es 69.4%.
·
Si bien oficialmente 92.0% de la
población tiene acceso al servicio público de agua potable, dicho porcentaje
disminuye dramáticamente cuando se considera su calidad.
·
El 78% del agua se utiliza para fines
agropecuarios.
La eficiencia de conducción y
distribución es de 86% y 76%, respectivamente.
El sector agropecuario genera
62% de las aguas residuales (cargas orgánicas, plaguicidas y fertilizantes,
entre otros contaminantes).
El agua para usos agropecuarios
es virtualmente gratuita, no paga derechos por el uso del recurso y además
recibe un alto subsidio en el costo de la energía para los casos en los que se
utilizan aguas subterráneas, lo cual promueve la ineficiencia y la
sobre-explotación.
·
De los 653 acuíferos, 106 se
encuentran sobreexplotados, especialmente en zonas de interfase agrícola y urbana,
lo que plantea un horizonte previsible de agotamiento y la contaminación por
minerales naturales que significan graves problemas de salud pública (por
ejemplo, arsénico).
·
La mayoría de los organismos
operadores de sistemas de agua para servicio público son ineficientes y opacos;
funcionan con criterios políticos y clientelares, no están debidamente
profesionalizados, dependen de cuantiosos subsidios, y no están constituidos
como empresas públicas sujetas a reglas claras y transparentes de gobierno.
·
En las ciudades se desperdicia
alrededor de 40% del agua, por fugas en las redes de abastecimiento y
distribución y tomas domiciliarias.
·
Sólo 47.5% de las aguas residuales
colectadas recibe tratamiento, y sólo un porcentaje mucho más bajo (difícil de
precisar por la falta de monitoreo y vigilancia) cumple con las normas de
calidad de las descargas.
·
Las tarifas de servicio público son
fijadas políticamente por los congresos y, con frecuencia, no son suficientes
para asegurar la autosuficiencia de los organismos operadores, además de que
algunos se manipulan con fines político-clientelares.
·
Constitucionalmente, los municipios
tienen las facultades de ofrecer el servicio público de agua y de tratar las
aguas residuales. Con este justificativo la Federación ha descuidado
responsabilidades de regulación sobre los organismos operadores
municipales. En el mejor de los casos, la regulación está a cargo de los
gobiernos estatales.
·
Los organismos de cuenca tienen
atribuciones amplias pero no la autonomía que requieren.
·
Los consejos de cuenca son órganos
consultivos solamente. La selección de los representantes recibe críticas
frecuentes.
·
La estructura de Conagua no
asegura la colaboración entre las áreas centrales y los organismos de cuenca.
·
Las concesiones de agua se otorgan
con criterios poco claros para los usuarios que las solicitan.
·
La normatividad es obsoleta y
relativamente laxa en materia de descargas de aguas residuales.
·
Es de señalar la ausencia de una
regulación y vigilancia eficaces de descargas de aguas residuales, así como
la impunidad y falta de cumplimiento de la normatividad.
·
La autoridad no condiciona ni vincula
el suministro primario con el cumplimiento de obligaciones de tratamiento y
descarga de aguas residuales.
·
Hay una gran vulnerabilidad a
eventos hidro-meteorológicos extraordinarios, por regulación inadecuada del
territorio a escala municipal, y por corrupción en la aplicación de los
Programas de Desarrollo Urbanos.
·
No existe un sistema de monitoreo en
tiempo real, ni de información pública creíble sobre el desempeño de los
organismos operadores municipales, ni sobre la calidad de cuerpos de agua,
descargas de aguas residuales, concesiones y disponibilidades.
·
Está ausente en la población una
suficiente cultura de pago por los servicios de agua, de uso responsable, de
calidad ambiental, y de exigencia a los gobiernos municipales por un
servicio de calidad
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